martes, 10 de noviembre de 2015

Templario y el camino

Hacía tiempo que necesitaba reencontrarme espiritualmente, las cosas no eran como creía que deberían ser y eso me estaba causando problemas en mi encomienda con mis superiores. Decidí que una buena forma de reencontrarme era ir a Santiago. Por supuesto que me concedieron permiso en el mismo momento en que lo pedí y así fue como me puse en camino.


Decidí ir a Santiago por la llamada ruta de la lana, este camino pasaba por Molina y su castillo donde fuí bien recibido para descansar un par de días. Los de mi orden todavía eramos bien recibidos por casi cualquier parte.


Un par de días después seguí el cauce de un pequeño río...


y me encontré con un pequeño monasterio apoyado junto al río y con un tilo enorme donde me dejaron pasar la noche....


No fue hasta un par de días después cuando la cosas se empezó a estropear, una espesa niebla se cernía en los valles y debía adentrarme en ella. Fue allí donde sucedió todo en uno de esos bancos de niebla me encontré con cuatro ladrones que intentaron robarme, vaya si lo intentaron pero ninguno de ellos salió con vida.
Lo malo es que recibí un corte profundo en mi costado izquierdo que no paraba de sangrar...


Seguí un pequeño arroyo intentando encontrar un sitio donde descansar pues sabía que las fuerzas empezarían a abandonarme en breve ya que la herida seguía sangrando en abundancia.


Llegué a un pequeño claro donde conseguí apoyarme en un árbol, casi sin fuerzas la cabeza empezó a jugarme malas pasadas y a ratos me parecía ver gente llamándome e intentando que fuera hacia donde estaban ellos.


 Conseguí hacer acopio de fuerzas e intenté hacer un poco de fuego pues la noche se adivinaba fría. El fuego me reconforta pero se que no hay mucho que hacer, el corte en el costado no para de sangrar y me siento muy débil sin fuerzas...
Cierro los ojos, tranquilo y...
Así fue como la vida me abandonó

2 comentarios:

desdelaterraza-viajaralahistoria dijo...

Vaya, qué trágica peregrinación.
Un saludo.

Moni Revuelta dijo...

Curiosa historia y desenlace, cuántos dejaron su vida en el camino. Las fotos son una preciosidad.
Un abrazo Flores