sábado, 10 de mayo de 2014

El monje

Le gustaba salir de los muros del monasterio en las tardes después de los duros días de estudio, intentaba llegar al pequeño remanso del río, donde mas apreciable era el canto de los pájaros y el sonido del agua al correr.


Hoy se encontró en otro pequeño remanso unas cuantas florecillas blancas que le hicieron sentirse un tanto triste, siempre le recordaban a su hermana Rosa...


Era el sitio ideal para dejar volar la mente y sentir como su alma, al igual que los arboles, se acercaban hasta casi tocar el cielo..


Se podía quedar embobado mirando los enormes arboles que custodiaban el camino y parecían esperar a que pasara para hacer temblar sus hojas como si susurraran.


De vez en cuando veía volar los pájaros a su alrededor, veía alguna rana saltar al agua, algún ratón salir huyendo de sus pisadas, algún lagarto mirándole desde el tronco de un árbol...


Sobre todo le gustaba contarle sus penas y sus dudas sobre el estudio a esos arboles que, al lado del camino, parecían inclinarse hacia él esperando sus pasos y sus pensamientos...


Con el alma reconfortada volvió a acercarse a los muros del monasterio y cuando ya estaba anocheciendo entró en ellos y fue como si lo engulleran hasta la siguiente tarde de paseo...

9 comentarios:

Laura. M dijo...

Maravilla de paseo. Parece que el monje lo ha hecho por aquí ;)
Me encanta el reflejo del agua.
Buen domingo.
Un beso.

La Dame Masquée dijo...

Qué belleza. Parece directamente extraído de un cuento de hadas, como si fuera irreal, producto de la imaginación. Es afortunado al poder disfrutar habitualmente de todo eso.

Feliz domingo

Bisous

Moni Revuelta dijo...

Tus fotos cuentan una historia maravillosamente acompañada por tus palabras. Me ha encantado, Flores.
Y todas las fotos son preciosas; las que más me gustan son la primera de los reflejos, y la del árbol inmenso y susurrante...
Un saludo :)

Flores SC dijo...

Laura, el paseo está hecho por aquí muy muy cerquita de donde vivo.Gracias por la visita
Madame, en alguna otra entrada he puesto fotos de este mismo sitio y lo he llamado el bosque de las hadas y los elfos. Saludos.
Moni, gracias por la visita, la verdad es que el primer lugar es un lugar con mucho encanto. Saludos

Carmen Cascón dijo...

El lugar, lleno de melancolía y recuerdos, junto a tus pensamiento tiene un aire ciertamente romántico al estilo becqueriano. ¿No te parece?
Un saludo

Flores SC dijo...

Carmen, la verdad es que me ha salido un poco melancólico y quizá si un poco becqueriano. este fin de semana me doy otro paseo y mientras ando entre los árboles me lo planteo, jejeje, como mola esto de ponerse deberes.
gracias por la visita.

desdelaterraza-viajaralahistoria dijo...

Un lugar idílico, que me ha recordado al hilo de del relato del monje la historia de otro, San Virila, abad del monasterio de Leyre, en Navarra. En un lugar parecido al de sus fotos, escuchando a un ruiseñor, quedó ensimismado pensando en lo efímero de nuestra existencia en este mundo. Cuando volvió al convento, no conocía a nadie y aún más, nadie le reconocía a él. Tanto insistió diciendo que era el abad de aquel convento y que se llamaba Virila, que decidieron los demás monjes hurgar en los archivos del monasterio y descubrieron que trescientos años antes había habido un abad con ese nombre.
Y es que lugares oomo los de las fotografías de hoy son para perderse en el tiempo y soñar.
Un abrazo.

Laura dijo...

Ese monje debe sentir más paz ahí que en el propio convento, que paisaje...
Todas las fotos son una pasada pero si tengo que elegir me quedo con la segunda. Las texturas del tronco tampoco están nada mal.
Besos.

Flores SC dijo...

Dlt, me encanta la historia. saludos.
Laurita, las fotos están hechas con un simple teléfono móvil, ni reflex ni leche. Un vulgar y pobre Samsung Galaxy Ace. El monje por ahí va muy muy contento.
Besos